El viernes me enteré de la noticia de la muerte de una persona que me marcó y formó mucho más de lo que me di cuenta en su momento. Si bien me puse muy triste al enterarme, luego me di cuenta que gran parte del sentimiento residía en sentir culpa por no haberle agradecido en persona las enseñanzas fundamentales que le debía. Seguramente, sin importar la religión de esta persona, hoy en día está en un lugar mejor disfrutando de lo cosechado, hizo de este mundo un lugar mucho mejor, no solo porque cambió su entorno, sino porque ayudó a que entendieramos un par de conceptos simples que hacen falta para intentar ser felices.
Si bien a lo largo de los años fueron muchas las palabras y enseñanzas, creo que hay dos que no me las voy a olvidar en mi vida y no me voy a cansar de repetirlas para que al menos un par lo piensen. Hoy voy a empezar por la confianza en las personas.
Confiar es algo que se pierde cada vez más, sobretodo en una sociedad donde la palabra vale poco y nada, donde es más importante lo que se ve que lo que se hace o se piensa. Donde un error sin negligencia es castigado de igual manera que un acto maligno intencional por muchos de nosotros (en este hasta me incluyo). Quizas todos entendemos que confiar es un acto de dar (de dar oportunidades) y en realidad es mucho más lo que recibimos en este acto que lo que cedemos. Al ser defraudado uno se siente triste, quizás hasta es lastimado de forma fuerte, pero al confiar se recibe mucho más y al volver a confiar mucho más todavía. Es un acto de grandeza, es un acto de humildad, de creernos vulnerables... Tener personas en quienes confiar nos hace mucho más fuertes y recibimos muchisimo de cada persona en la que confiamos.
No hablo de vivir confiando en cualquiera porque también es peligroso, sobretodo en un mundo con tanto individualismo y tanto egoismo. Tampoco digo que soy la persona más generosa del mundo y que nunca pienso solo en mí. Por el contrario, digo que a lo largo de mi vida gané mucho más por confiar en varias persona que al ser decepcionado por unos pocos. Sobretodo, gané mucho más al recuperar la confianza y al hablar sobre esa decepción que para mi sorpresa no había sido con intención, sino que más bien era producto de la más que obvio diferencia que tiene cada uno en cuanto a los actos de los otros.
Es imposible tener una única escala de moral y por ello, es muy dificil que no nos creamos decepcionados, porque siempre vamos a esperar que los otros se comporten como nosotros querriamos y en realidad el error ahí es nuestro y no de ellos. Tenemos que aprender a entender a las personas y los actos de estas. Saber alejarnos de aquellos que cada vez que nos decepcionan nos lastiman demasiado, pero también saber construir confianza entendiendo que detras de cualquier acto que lastima o molesta pero es no intencional, no tenemos más que ayudar a esa persona a que nos conozca un poco mas. Hablar estas cuestiones y tratar de llegar a acuerdos por más que esto sea al principio complicado puede darnos muchisimas satisfacciones. Creer en las personas buenas, saber donde estás las malas (No entremos en la definición de bueno o malo, me hace falta leer el doble de lo que llegue a leer por ahora y ni siquiera creo que logre poder definirlo) nos hace mas fuertes, nos alegra y nos permite vivir las relaciones con estas personas, mucho más libremente. En fin, creo que se entiende y sino, lean el primer post del blog.
Gracias a Mrs. Stanley por habernos enseñado a confiar en las personas, espero haber podido explicar al menos una mínima parte de lo que ella nos enseño con tanto amor y ojalá que esto le sirva a otros.
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lunes, 13 de julio de 2009
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